viernes, 20 de julio de 2012

Laxe: Huída a lo natural

Hemos estado en Laxe (Coruña) 5 dias, y nos ha sabido realmente a poco.
Nos hemos aislado del mundo. Nos hemos envuelto en ese mar frío y embravecido que nos ha enseñado su mejor cara veraniega. Hemos hundido los pies y los pensamientos en la arena de esa playa paradisíaca. Hemos dejado que el viento nos coloreara las mejillas y nos despeinara. Hemos probado los manjares de la gente de a pie, la que cada día se levanta temprano para trabajar con sudor en su oficio.
Y nos hemos enamorado. Nos hemos enamorado del pueblo y sus habitantes, del faro que vigila que todo vaya bien desde la tierra hasta más allá del horizonte; nos hemos enamorado del mar, del olor a limpio, de los bosques verdes fosforito, de los gritos de las gaviotas, de los marineros que zarpan a las 6 de la mañana y se echan a la mar.... De todo.
Nos hemos enamorado también de nuestra amistad, de los pensamientos en conjunto, de la sinceridad, de las conversaciones hasta las 3 de la mañana, de ser el recipiente de las incertidumbres de las otras dos,  de ser un trío calavera, de compartirlo todo, hasta la ducha.

En esos cinco días quizás lo hayamos vivido casi todo. Casi todo lo que tendríamos que haber vivido, lo que queríamos haber vivido. Hubo momentos en los que una se caía, y las otras la levantaban. Nos caemos y nos levantamos a la vez, que seis brazos son más fuertes que dos. Y allí todo era posible.
Particularmente yo me he quedado todavía allí. Mi recuerdo aún circula por Laxe y sus calles, y su bosque, y su playa y su mar. Aún pienso en todo lo que nos hizo sentir, en cómo nos dio la libertad que andábamos buscando y que no encontrábamos en Madrid. El mar del norte nos dio una oportunidad para pensar, para entregarle nuestros pensamientos y que sus corrientes se los llevaran lejos; y el viento nos azotaba la cara para recordarnos que allí no habíamos ido a pensar, si no a disfrutar.
Yo aún no he querido hacer frente a la rutina, a volver a la realidad de esta selva de asfalto. Ojalá hubiera podido refugiarme un tiempo más en ese silencio que ofrecía, porque volver de nuevo a lo de siempre me hace mirarlo todo con una ligera mueca de insatisfacción.

Pero bueno, me quedará soñar con que algún día me iré de aquí para tardar mucho en volver. Quizás Bowsy y Duck-y piensen lo mismo que yo, no lo sé. Lo único que sé, es que algún día volveremos.




Gracias chicas.


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